



Durante cierto tiempo, la distancia geográfica y lingüística que separaba a Erasmo de Rotterdam, Juan Valdés y Tomás Moro fue salvada por su conocimiento del latín y, por supuesto, la posibilidad de que llegaran las cartas con largas disquisiciones teológicas.
La sensación de que uno viaja con su correo por el océano, atravesando miles y miles de kilómetros es total. La satisfacción de compartir con alguien que está en lugares remotos es plena.
La felicidad del correo es una afirmación de que en este tiempo de soledad existe la posibilidad de no estar solo. En esta época de penurias, existe un instante de dicha.
El esfuerzo y la dedicación para poder realizar un trabajo son arduos. Pero el resultado es la creación de un elemento que no existía. El nacimiento de algo bello. En estos días de dificultades se asemeja a una empresa imposible, pero la voluntad se mueve por sobre las cosas.
La valentía de creer que es posible y de hacerlo posible. La necesidad de ofrecerle al mundo nuestra mirada.
“Que cambie todo en todas partes” F. Hölderlin
En nuestra época alejandrina, lo fugaz se manifiesta de manera evidente. Los esfuerzos por retener lo que irremediablemente se va (¡Ay, Crátilo!) se transforman en intentos desesperados de una perpetuidad. No es en vano este intento ni es una muestra de debilidad, sólo es el íntimo deseo de quien se sabe limitado y va en busca de lo absoluto. Hay varios caminos para quien se reconoce: el sarcasmo y la ironía; el nihilismo (Nietzsche y Wittgenstein) y la remota esperanza.
Quien anhela la felicidad,
Hoy más que nunca, existe la necesidad de ser actual.
Y eso ya es demasiado.

Las palabras que van a guiar esta nota no están escritas desde la objetividad ni con la pretensión de dar a conocer algún elemento nuevo. Sólo quieren reflejar algo que me sucedió, una experiencia personal.
La siesta del ciprés es el resultado de un largo proceso, muchas veces llevado adelante a pesar de las condiciones tecnológicas. Una vieja PC que obligaba a veces a mantener los archivos en mp3, o que tardaba una eternidad en renderizar, o que directamente dejaba de funcionar.
“A thing of beauty is a joy for ever”
Bernardo Durand